En el momento que se anunció la noticia de que iba a salir otro iPad en la presentación del iPad Mini, no podía dar crédito a mi cerebro. ¡Y sólamente después de 8 meses de la aparición del iPad 3!!

Suponía que mi Nuevo iPad (ahora viejo) era la vanguardia de las tabletas de Apple y, por qué no decirlo, del resto de tablets en el  mundo mundial. Como a millones de fanboys “around the world”, jamás se me había ocurrido pensar que en menos tiempo del que tarda en nacer otro niño ya vamos a tener otro hemanito.

Al más puro estilo Asterix, pensé, ¿están locos estos romanos? Si todavía no me he acostumbrado al cacharro y ya me han hecho un hermanito. Me recorrió un sentimiento por todo el cuerpo de frustración, envidia, odio y sobre todo celos, muchos celos. Que venga un hermano a quitarle todo el protagonismo a mi iPad… ¡no está bien!

Con ánimo de entender las intenciones de los papás, se me ocurren algunas posibilidades:

  • Que los de Cupertino hayan visto que el iPad 3 no era tan evolucionado tecnológicamente y el iPad 4 sea una nueva forma de rectificar su “imprevisión” ante los avances que han sobrevenido después.
  • Que al más puro estilo Benchmarking y, en previsión de la competencia que viene, han querido dar el primer mordisco a la manzana y adelantarse a las tabletas que vienen y sus evoluciones.
  • Que lo único que nos mueve es el poderoso caballero don dinero, y siguiendo la anterior reflexión, antes de que la gente se gaste el dinero en otro dispositivo el mío es el “más mejor”.

Casi que me inclino a un compendio de todas, o bien por la último razonamiento, porque…  ¿qué explicación tiene que hayan subido el precio de las aplicaciones sin avisar? ¿No se suponía que los de Apple avisaban a bombo y platillo de todas sus novedades?

 

 

Mejor no pensarlo, me va a tocar seguir con mi Viejo iPad, a no ser de que me toque la Lotería de Navidad.

Que disfruten el modelo que tengan.